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Historia

La circunscripción uninominal

Por Guillermo Pablo Galli · Boletín del Museo Social Argentino, Año XLIX, Entrega 350 (enero–marzo 1972)
Publicado en el Boletín del Museo Social Argentino, Año XLIX, enero–febrero–marzo 1972, Entrega 350.
Nota editorial: el documento original conservado se interrumpe al comienzo de la sección II. Se reproduce el texto disponible en su integridad.

I.

El gran debate político que las nuevas instancias abiertas por el golpe de marzo han dado lugar provoca una verdadera revolución en los estudios políticos en nuestro país. El narcótico que a este sector de la sociedad se le suministró durante casi cinco años, enmudeciendo a los partidos políticos, privó también de todo interés a aquello que con lo político estuviere relacionado, trayendo como resultado de una inquietante ley social el ingreso a la arena política de tecnócratas y especialistas técnicos que pretendieron reemplazar ese sutil arte del político de apreciar las necesidades populares, por coordenadas y ecuaciones como soluciones a los graves problemas de una comunidad humana, olvidando la variable fundamental para este tipo de cuestión: el hombre.

Abierto el diálogo, ingresa toda una generación ávida de conocer una realidad que no vivió y a la que se pretendió en estos últimos tiempos escondérsela sistemáticamente. Resultante de ello aparece una juventud que se rebela contra todo lo que sea signo de evolución y progreso, abrazando causas nihilistas que presentan un barniz de supuesta doctrina política prestigiada por el ostentoso exilio de su anciano líder, quien, por imperio de una bien orquestada publicidad, aparece como lo que nunca fue: un revolucionario popular. Responsabilidad suma tendrán ante la historia quienes, con su acción negativa, llevaron a una juventud al borde del anarquismo, del cual deberá ser rescatada con su propio esfuerzo, porque en el fondo —muy visible, por cierto— de ese estallido se encierra la llama de la libertad que alimenta la juventud de todos los tiempos.

Esta juventud entra al diálogo cargada de resentimiento por un pasado que conoce tergiversado y con un desconocimiento de los problemas fundamentales de la vida política, producto de su congelación por casi cinco años.

Uno de estos problemas que ya en el ambiente político motiva ciertas discusiones es el de los sistemas electorales: mayoritarios y minoritarios, de lista y uninominales, disputan sus ventajas entre tratadistas y legos. En los momentos de escribir estas líneas, en el seno de la Comisión Coordinadora del Plan Político se está estudiando el sistema a aplicar en las próximas elecciones del 25 de marzo de 1973; de cualquier manera, problemas como el que aquí se examinará mantienen perenne actualidad y justifican que el autor pretenda dar a conocer sus inquietudes sobre el mismo.

Con esta aclaración, y atendiendo a que sería limitado el grado de innovación permisible al legislador en la materia, el tema a debatir debe reducirse a examinar las ventajas e inconvenientes que puedan acarrear los distintos sistemas conocidos de aplicarse los mismos en nuestros días.

Supuestos ya conocidos los sistemas electorales de mayor aplicación en derecho comparado,[48] interesa estudiar en este trabajo el sistema mayoritario, apuntando más específicamente a la circunscripción uninominal, toda vez que la elección por lista plural ya prácticamente no es aplicada en el mundo, descalificada absolutamente como método democrático de elección.

Este específico sistema mayoritario de circunscripción uninominal —quizá el más difundido en el mundo democrático— fue aplicado en nuestro país en dos circunstancias bien diferenciadas. En la primera oportunidad, se tendía a salir del sistema de lista plural que provoca lisa y llanamente la exclusión de todo tipo de oposición en el congreso y, procurando descentralizar los centros de decisión electoral, a romper con el bien conocido personaje del gobernador elector. En la otra, en 1951, la situación era bien diferente: en ese entonces regía la Ley Sáenz Peña que había impuesto el sistema de voto restringido que aseguraba a la minoría compartir, aunque de modo restringido, la responsabilidad del gobierno en su función fiscalizadora de oposición. De ahí que, en mitad del siglo XX, con los medios masivos de comunicación social monopolizados por el Estado, el que se encontraba identificado públicamente con uno de los partidos políticos participantes en las contiendas electorales, no podía caber duda de que el fin al cual se tendía era diametralmente opuesto al que se tuvo en vista cincuenta años antes: el objetivo no podía ser otro que la uniformidad parlamentaria, eliminando, en lo posible, cualquier trazo de oposición.

II.

El sistema de circunscripción uninominal, de aplicación en la Gran Bretaña y en los Estados Unidos de Norteamérica, abogando por una más íntima relación entre el elector y el elegido, subdivide el Estado en tantas unidades geográfico-electorales como vacantes haya que cubrir en el órgano legislativo. Por lo tanto, el sistema es, al menos en teoría, por demás simple.

[El texto original se interrumpe en este punto.]

Notas

  1. [48]Fayt, Sufragio y representación política, Bibliográfica Omeba, Buenos Aires, 1963, ps. 36 y ss.; López, Introducción a los Estudios Políticos, tomo 2, Kapelusz, Buenos Aires, 1971, ps. 379 y ss.; Bidart Campos, Derecho Político, Aguilar, Buenos Aires, 1967, ps. 486/487.