Recorriendo mi biblioteca me he topado con un viejo libro que en su momento me había impactado grandemente y que, olvidado, pasó los años silenciosamente arrumbado en un estante. Lo tomé —Víctor Massuh, La libertad y la violencia— y con pasión renovada inicié una nueva lectura. A poco de estar incursionando en su apasionante razonamiento, encontré unos párrafos que me conmovieron porque hallé en ellos muchas de mis propias preocupaciones en torno a un presente en el cual, por momentos, me siento incómodo. Esas líneas que me llegaban desde la distancia de un pensador que ya no nos acompaña me llevaron a rememorar viejos tiempos teñidos con la pátina de la distancia que nos da una luz distinta —y para nosotros más bella— de aquellos momentos vividos con seres que ya no están. Serán remembranzas de viejo, sí, pero al fin válidas porque salen sinceramente de mi interior.
Hace ya más de sesenta años, Massuh decía:
"La técnica es más rápida que el hombre: cambia y modifica el contorno humano mucho antes de que el hombre haya concluido de integrarse en él. Este desequilibrio hace al hombre un ser acosado por la técnica, condenado a una autotransformación constante ya que debe adaptarse a este ritmo de aceleradas innovaciones si quiere subsistir. Tal situación es verdaderamente demoníaca porque ni siquiera puede el hombre adquirir la fijación de un mecanismo y descansar en su rutina: de inmediato se le exige la adaptación a un orden nuevo mucho más perfeccionado."
"La desmesura de la técnica se origina en la quiebra de cierta medida humana. La técnica se vuelve peligrosa en razón de la actitud que el hombre asume ante ella, esto es, en virtud de su idolatría."
Víctor Massuh — La libertad y la violencia (1968)Es de recordar que estas palabras fueron escritas en el año 1968, casi sesenta años atrás, cuando aún no vislumbrábamos, ni remotamente, el uso de la hoy omnipresente computadora. Eran tiempos en los que la relación era limpiamente entablada entre hombre y hombre, y la búsqueda del conocimiento exigía un esfuerzo personal. Hoy todo está a nuestra disposición y la satisfacción de nuestra curiosidad la tenemos en unas pequeñas teclas de un ordenador.
Pero más allá de ese beneficio intelectual y de conocimiento, la máquina se ha introducido en nuestros hogares y tiende a hacer estallar la convivencia familiar. Hoy, para satisfacer nuestras inquietudes lúdicas, no es necesario reunirnos: la máquina nos satisface en soledad aquello que antes requería la compañía de otro. Tampoco precisamos del amigo a nuestro lado para compartir el juego, porque lo podemos hacer a la distancia.
Se hace amistad con alguien a quien no se conoce personalmente, ignorando así si se trata de una persona o de una ficción creada por otro; se confían proyectos, dudas, afectos, a quien desconocemos incluso de vista.
Horas y horas se insumen en disputar imaginarios partidos de fútbol con personajes que asemejan seres humanos, quienes en un momento dado manifiestan emociones porque cumplieron con éxito alguna jugada. Se asesina a mansalva a supuestos enemigos, cuando no a simples peatones a quienes el operador de la máquina elige para obtener "mayor puntaje".
Estas líneas están escritas, por supuesto, por alguien que no es filósofo, sino quien está motivado por unas líneas escritas por alguien que pensó con profundidad la crisis de nuestra sociedad, y que lo hizo sesenta años antes a la realidad que ahora sufrimos.
No puedo retrotraerme al pasado; sólo deseo volver a la realidad de cada día en la cual la máquina sea nuestra colaboradora y no nuestra dictadora, imponiéndonos gustos y deseos, aislándonos día a día de la sociedad en la que debemos vivir, sufriendo juntos nuestros pesares y gozando nuestras alegrías codo a codo con nuestros vecinos.
¿Es un sueño irrealizable? ¿Podemos retornar a nuestro andar de todos los días junto a quienes pasan a nuestro lado, que tienen nuestra propia carnadura, que dirigen su mirada hacia nosotros? Nos basta sólo levantar la vista de ese adminículo que nos atrapa y mirar a quien pasa a nuestro lado y que quizás con una sonrisa nuestra le ayudaremos a continuar en la vida.